Leyenda

DON SANCHO DE LONDOÑO,

Uno de los militares hispanos del siglo XVI más célebres de su tiempo, cuenta con los caracteres propios deseados por los políticos que gobernaban la Monarquía, porque fue un soldado con «fortuna» Don Sancho de Londoño era hijo primogénito de don Antonio de Londoño, señor de Hormilla (La Rioja), y de doña Ana Martínez de Ariz, natural de Nájera. Su abuelo paterno fue don Juan de Londoño y Rojas, casado con doña Inés de Porras, hija del señor de Agoncillo. Posiblemente nació hacia 1515 en Hormilla, lugar que añorará en el ocaso de su vida en las lejanas tierras de Flandes con unos versos que recordaban la torre del lugar. Con orgullo se hacía llamar en España y fuera de ella «Señor de Hormilla».

Conocía bien la historia antigua y escribió unos poemas poco conocidos, todavía inéditos, que se conservan en la Biblioteca Nacional de Madrid, titulados Laberinto de las cosas de España, y Soliloquios del estado de la Monarquía, que no pudo terminar porque le sorprendió la muerte.  Don Sancho estuvo al servicio de Carlos V y Felipe II, participó en frentes mediterráneos y atlánticos, en suma, combatió en mil batallas y nunca fue herido, y se jactaba de que desde que entró en servicio, en 1542, no había perdido almena ni palmo de tierra donde se había encontrado y siempre bajo sus órdenes se habían ganado muchas plazas fuertes «con poquísima efusión de sangre de amigos y mucha de enemigos».

Su gran obra fue el Libro del arte militar, publicada póstumamente, en Valencia en 1596 por el sargento Francisco Lenguin.

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Frases de Don Sancho de Londoño

«Yo profesé, como sabéis, la espada, mas nunca aborrescí la pluma que no le diese alguna trasnochada»
«El perfecto maestro de campo que se precia de su oficio y le usa como debe, hace buenos capitanes y estos tales buenos oficiales y soldados»
«Serví desde mi verde primavera a los mayores reyes que ha tenido España»
«El día que uno toma la pica para ser soldado, ese día renuncia al ser cristiano y profesa el ser gentil»
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